SI DIOS ES BUENO, ¿POR QUÉ NO ME VA BIEN?

TEMA: SI DIOS ES BUENO, ¿POR QUE NO ME VA BIEN?

TEXTO: LAMENTACIONES 3:39-40 ¿Por qué se lamenta el hombre viviente? Laméntese el hombre en su pecado. 40 Escudriñemos nuestros caminos, y busquemos, y volvámonos a Jehová;

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Si de algo podemos estar seguros es que Dios es bueno, que Dios nos ama y que tiene planes de bendición para nuestra vida (Santiago 1:17) Toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto, del Padre de las luces, en el cual no hay mudanza, ni sombra de variación.

Entonces ¿Por qué no nos va bien en nuestra vida? La palabra de Dios es clara, en el texto que hemos leído para comenzar nos dice que en lugar de lamentarnos y culpar a Dios, lo que tenemos que hacer es examinar nuestra vida, escudriñar nuestros caminos, y acercarnos al Señor.

Si en lugar de quejarnos y murmurar hacemos lo que nos dice la Biblia y examinamos nuestra vida con sinceridad, seguramente nos daremos cuenta cual es la causa por la cual no nos va bien hoy en nuestra vida. 

Gracias al Señor en su palabra podemos encontrar respuestas a esa pregunta. Nuestro Dios nos ayuda a comprender el porque si él es bueno, a nosotros muchas veces no nos va bien, VEAMOS LO QUE NOS ENSEÑA LA PALABRA DE NUESTRO DIOS:

I) NO NOS VA BIEN PORQUE SABEMOS LO QUE ES BUENO, PERO NO LO HACEMOS (SANTIAGO 4:17) y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.

Todos sabemos que debemos dejar de hacer lo malo, y nos esforzamos por dejar de hacer lo malo, pero lastimosamente descuidamos un detalle muy importante: No hacemos lo bueno, y tenemos que comprender que la vida cristiana no solamente se trata de dejar de hacer lo malo, sino de hacer lo bueno en nuestra vida y para con nuestro prójimo (Isaías 1:16-17) Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; 17 aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.

Como cristianos sabemos lo que es bueno, lo que agrada a Dios: Buscar el Reino de Dios como principal prioridad, leer su palabra, congregarnos con constancia, perdonar al que nos ha ofendido, ayudar al necesitado, etc, pero no lo hacemos, y eso es pecado y el pecado no trae nada bueno a nuestra vida.

II) NO NOS VA BIEN PORQUE NO ESTAMOS HONRANDO A DIOS CON NUESTROS BIENES (PROVERBIOS 3:9-10) Honra a Jehová con tus bienes, Y con las primicias de todos tus frutos; 10 Y serán llenos tus graneros con abundancia, Y tus lagares rebosarán de mosto.

Tenemos que preguntarnos y ser sinceros con la respuesta: ¿A quien están honrando nuestros bienes? ¿Al mundo o a Dios? ¿Qué parte de nuestras finanzas personales y familiares consagramos para el Reino de Dios?

La respuesta a estas preguntas nos permitirán reconocer por qué nuestras finanzas parecen que caen en saco roto a pesar del esfuerzo que hacemos para ganarnos la vida. (Hageo 1:5-7) Pues así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad bien sobre vuestros caminos. 6 Sembráis mucho, y recogéis poco; coméis, y no os saciáis; bebéis, y no quedáis satisfechos; os vestís, y no os calentáis; y el que trabaja a jornal recibe su jornal en saco roto. 7 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Meditad sobre vuestros caminos.

Muchos cristianos quieren cielos abiertos sobre su vida, lo declaran, lo decretan, pero no quieren sembrar en el Reino de Dios, y eso es contrario a lo que nos enseña la palabra del Señor (Malaquías 3:10) Traed todos los diezmos al alfolí y haya alimento en mi casa; y probadme ahora en esto, dice Jehová de los ejércitos, si no os abriré las ventanas de los cielos, y derramaré sobre vosotros bendición hasta que sobreabunde.

Tenemos que comprender que si somos fieles en lo poco entonces podremos esperar LO MUCHO que nuestro Dios tiene para nosotros (Mateo 25:21) Y su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.

III) NO NOS VA BIEN PORQUE NO ESTAMOS HONRANDO A NUESTROS PADRES SINO QUE LOS MENOSPRECIAMOS (EFESIOS 6:2-3) Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa; 3 para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra.

Esta es una promesa que verdaderamente muchos de nosotros como hijos e hijas olvidamos, nos quejamos que no nos va bien en la vida, pero no reflexionamos que estamos menospreciando a quienes Dios usó para darnos la vida, para cuidarnos, para apoyarnos en los momentos de tristeza, enfermedad y dolor.

Ya pasaron los meses de celebrar a mamá y a papá, y muchos hijos se olvidan de sus padres hasta el siguiente año, no se preocupan de sus necesidades, no se ocupan de sus enfermedades, sino que muchas veces los maltratan, los menosprecian, los humillan, y la palabra de Dios nos dice que nosotros como familia cristiana tenemos que APRENDER A RECOMPENSAR A NUESTROS PADRES (1 Timoteo 5:4) Pero si alguna viuda tiene hijos, o nietos, aprendan estos primero a ser piadosos para con su propia familia, y a recompensar a sus padres; porque esto es lo bueno y agradable delante de Dios.

Si queremos que esa promesa de Dios se cumpla en nuestra vida, que nos vaya bien y seamos de larga vida, comencemos hoy a honrar a nuestros padres, no los abandonemos, no los menospreciemos, seamos dadivosos con ellos, porque ellos han estado con nosotros cuando los hemos necesitado.

PARA TERMINAR QUIERO COMPARTIRLES ESTA PRECIOSA HISTORIA PARA REFLEXIONAR EN NUESTRA VIDA Y LA MANERA COMO ESTAMOS TRATANDO A NUESTROS PADRES Y MADRES: LA HISTORIA DEL ÁRBOL DE MANZANA  Y ÉL NIÑO:

Había una vez un enorme árbol de manzana, y había un pequeño niño que lo amaba y solía ir a jugar alrededor de él todos los días. Se subía hasta la cima del árbol, comía sus manzanas y luego tomaba una larga siesta bajo su sombra. Al niño le encantaba el árbol y al árbol le encantaba y disfrutaba jugar con él.

El tiempo pasó, el pequeño niño creció y llegó un día en que ya no jugó más alrededor del árbol como solía hacerlo todos los días.

Luego, un soleado día, el muchacho volvió encontró que el árbol parecía triste.

– “Ven, juega conmigo”, le pidió el árbol al muchacho.

– “Ya no soy un niño pequeño, he crecido, y ya no juego alrededor de los árboles”, respondió el muchacho.

– “Quiero juguetes bonitos, ¿puedes darme dinero para comprarlos?”

– “Lo siento, no tengo dinero, pero puedes tomar todas las manzanas de mis ramas y venderlas. Así conseguirás dinero”, dijo el árbol.

El muchacho estaba feliz y ansioso. Rápidamente sacó todas las manzanas del árbol y corrió al mercado.

El muchacho nunca más regresó luego de tomar las manzanas, y el árbol se puso muy triste.

Un día, el muchacho regresó y el árbol estaba muy feliz y emocionado.

– “Ven, juega conmigo”, dijo el árbol.

– “No tengo tiempo para jugar. Tengo que trabajar para mi familia. Necesitamos una casa. ¿Me puedes ayudar a conseguir una?

– “Lo siento, no tengo una casa. Pero puedes cortar mis ramas para construir una casa para tu familia”.

Entonces, el muchacho cortó todas las ramas del árbol y se fue satisfecho y feliz.

El árbol estaba contento de verlo feliz; sin embargo, el muchacho no regresó nunca. Otra vez el árbol estaba solo y triste.

Un caluroso día de verano, el muchacho regresó y el árbol estaba feliz con su presencia.

– “¿Quieres venir a jugar conmigo?”, dijo el árbol.

– Estoy triste con mi vida y me estoy haciendo muy viejo.

«¿Porqué no vienes a jugar conmigo?», dijo el árbol. Quiero ir a navegar para relajar mi mente. ¿Puedes darme un bote para navegar en él?”

– Usa mi tronco para construir un bote. Puedes navegar lejos y estar relajado y feliz”. Así que cortó el tronco del árbol para hacer un bote y se fue al mar a navegar, y no regresó al árbol por mucho tiempo.

Finalmente, el muchacho regresó después de que habían pasado muchos años.

– “Lo siento mi amigo, pero no tengo nada más para darte. No quedan más manzanas en mis ramas”, dijo el árbol.

– “Yo no tengo ningún diente para morder”, respondió el muchacho, ahora anciano.

– “Ya no tengo tronco para que subas por él y juegues”, exclamó el árbol.

– “Ahora soy demasiado viejo para esas cosas”, dijo el anciano.

– “Realmente no puedo darte nada… todo lo que me queda son mis raíces casi muertas”, dijo el árbol con lágrimas de tristeza.

– “Realmente no necesito mucho ahora, solo un lugar para dormir y descansar. Estoy cansado después de todos estos años”, dijo el anciano.

– “¡Bien! Las raíces de un árbol viejo son el mejor lugar para descansar. Ven, ven aquí y siéntate conmigo y descansa”. El anciano se sentó y el árbol se puso feliz, sonrió y lloró de alegría.

Esta es la historia de la situación de muchos hoy en día. El árbol es el ejemplo de nuestros padres. Cuando éramos pequeños amábamos jugar con ellos, pero cuando crecemos, los dejamos; solo volvemos a verlos cuando necesitamos algo o cuando nos encontramos en problemas. Sin importar las circunstancias, la mayoría de los padres siempre están ahí y nos dan todo lo que pueden para hacernos felices y que nos sintamos cómodos.

Tal vez piensas que el muchacho fue cruel con el árbol, pero esa es la realidad de cómo muchos de nosotros tratamos a nuestros padres.

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