EL PROPÓSITO DE LA IGLESIA

TEMA: EL PROPÓSITO DE LA IGLESIA 

TEXTO: MATEO 16:18

Estamos a pocos meses de recordar y celebrar uno de los cuatro acontecimientos más importantes para nosotros los cristianos: EL NACIMIENTO DE JESÚS.

¿Cuáles son los otros tres acontecimientos? La crucifixión, La resurrección y La venida del Espíritu Santo en Pentecostés.

El hijo de Dios se hizo hombre y vino a este mundo de pecado y de maldad con un propósito muy específico: buscar y salvar lo que se había perdido, por medio del cumplimiento del plan de la redención del Padre Celestial. 

Pero también uno de sus propósitos era dejar establecido en este mundo aquello que continuará cumpliendo sus propósitos en el mundo, es decir, LA IGLESIA. 

Desde el momento que nuestro Señor Jesucristo ascendió al cielo la iglesia es la responsable de llevar adelante los propósitos del Señor, en cada pueblo, lengua y nación, pero tenemos que comprender que cuando hablamos de iglesia no nos estamos refiriendo a una INSTITUCIÓN TERRENAL HUMANA, sino a cada uno de nosotros que formamos la iglesia, el cuerpo de Cristo, en quienes como templos vivos el Espíritu Santo habita (1 Corintios 6:19) ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?

Esto significa que los propósitos del Señor para este mundo deben ser llevados a cabo por aquellos que formamos la iglesia, es decir por cada uno de nosotros. 

PERO ¿CUÁLES SON LOS PROPÓSITOS DE LA IGLESIA? ¿CUALES SON LOS PROPÓSITOS QUE NOSOTROS DEBEMOS CUMPLIR? 

I) PRIMERAMENTE UN PROPÓSITO EVANGELÍSTICO (HECHOS 1:8) “…pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra.” 

Nosotros como hijos de Dios, cada uno de nosotros que formamos la iglesia tenemos la responsabilidad ineludible de predicar el evangelio, de anunciar las buenas nuevas de salvación a aquellos que aún no han creído en Cristo como su salvador personal.

Pero tenemos que darnos cuenta que el Señor no nos ha mandado primero a lo último de la tierra, sino que primeramente nos ha enviado a predicar a los más cercanos a nosotros, Jerusalén representa para nosotros nuestra familia, nuestros padres, nuestro cónyuge, nuestros hijos, nuestros hermanos en carne. 

Que triste sería que el Señor nos hiciera la misma pregunta  que le hizo a Caín (Génesis 4:9)  Y Jehová dijo a Caín: ¿Dónde está Abel tu hermano? Y él respondió: No sé. ¿Soy yo acaso guarda de mi hermano? Es triste llegar a pensar que la vida de nuestra familia no es responsabilidad nuestra, pero sí lo es, no puede ser que nuestra familia que amamos vaya camino a la muerte eterna y nosotros podemos liberarnos por medio del evangelio, ¡y que no lo hagamos! (Proverbios 24:11-12) Libra a los que son llevados a la muerte; Salva a los que están en peligro de muerte. 12 Porque si dijeres: Ciertamente no lo supimos, ¿Acaso no lo entenderá el que pesa los corazones? El que mira por tu alma, él lo conocerá, Y dará al hombre según sus obras.

II) SEGUNDO, UN PROPÓSITO DE EDIFICACIÓN (1 CORINTIOS 14:12) Así también vosotros; pues que anhelais dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia.

El Señor ha llamado y preparado a hombres y mujeres para predicar la palabra para edificar a su pueblo, para enseñar la sana doctrina, para predicar el verdadero evangelio. 

Pero tenemos que comprender que la responsabilidad de edificar a la iglesia no solamente es de los pastores y predicadores, sino de cada uno de nosotros como cristianos, y primeramente en nuestra propia familia, tenemos la responsabilidad de edificar espiritualmente a nuestros hijos e hijas, a nuestra esposa o esposo, a nuestros padres y hermanos. 

Y no pensemos que los vamos a edificar solamente haciendo un culto en casa, sino con esas acciones que edifican la fe de ellos: 

  • Con nuestro testimonio, es decir con nuestras acciones que reflejan el amor y el poder de Dios en nuestra vida.
  • Con nuestro ejemplo, cuando les enseñamos cómo buscar al Señor, cómo adorar al Señor, y cómo leer su palabra. 
  • Teniendo la responsabilidad de llevarlos a la iglesia local para escuchar la palabra de Dios, para que conozcan la sana doctrina y para que sean exhortados por medio de la palabra del Señor. 

Cada uno de nosotros tenemos que hacernos una pregunta muy importante ¿Estoy edificando mi iglesia? ¿Estoy edificando la vida de las ovejas que Dios me ha encargado? Que maravilloso seria que cuando lleguemos delante de nuestro Dios nosotros también podamos decir las mismas palabras de nuestro Señor Jesucristo : DE LOS QUE ME DISTE, NINGUNO SE PERDIÓ (JUAN 17:12) Cuando estaba con ellos en el mundo, yo los guardaba en tu nombre; a los que me diste, yo los guardé, y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de perdición, para que la Escritura se cumpliese.

III) TERCERO: UN PROPÓSITO DE RESTAURACIÓN (GÁLATAS 6:1) Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.

Tenemos que saber que el propósito de la iglesia no solamente es buscar a los perdidos, sino también restaurar a los que caen, a los que fallan, a los que se apartan, y como lo dice el versículo, a los que han sido sorprendidos en alguna falta.

Seguramente todos nosotros conocemos hermanos y hermanas en Cristo, o personas de nuestra familia, que han sido sorprendidos en alguna falta, que han fallado, que cometieron errores, que han caído en pecado, como iglesia de Cristo ¿que debemos hacer? Lastimosamente lo que hacemos es contrario a lo que nuestro Dios nos manda en su palabra, pues los humillamos, los menospreciamos, los criticamos y los juzgamos. 

Pero el Señor nos dice que lo que debemos hacer como iglesia es RESTAURARLOS es decir no destruirlos. Si el mundo quiere destruir la vida de los hijos de Dios, ¿Cómo vamos nosotros a destruirlos también? Nuestro propósito es ayudarles a su restauración, que vuelvan al camino de Dios, que puedan estar a cuentas con el Señor. 

PERO QUE NECESITAMOS PARA HACERLO: 

  • Necesitamos ser espirituales, es decir, ver a las personas de la misma forma que nuestro Dios lo ve. 
  • Necesitamos tener espíritu de mansedumbre, no de jueces.
  • Necesitamos reconocer que nosotros también somos débiles y también podemos caer, también podemos fallar. 

Posiblemente hoy mismo alguien de nuestra familia necesita ser restaurado, pero en lugar de eso lo que estamos haciendo es rechazando, menospreciando, regalando ese tesoro al mundo para que sea destruido. 

Cumplamos los propósitos de la iglesia, pero primeramente comencemos por Jerusalén, es decir por nuestra propia casa, recordando lo que la palabra de Dios nos dice : YO Y MI CASA, SERVIREMOS A JEHOVA.