LOS PELIGROS DEL PECADO

TEMA: LOS PELIGROS DEL PECADO 

TEXTO: PROVERBIOS 23:29-35

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En el texto que hemos leído encontramos de una manera muy detallada y muy real cuales son los efectos del vicio del licor en la vida de las personas que se enredan en él , pero este dia vamos a tomar esos efectos y los vamos a comparar con los peligros del pecado en nuestra vida, para que podamos reaccionar a tiempo con la ayuda de nuestro Dios, y no suframos sus consecuencias. 

I) PRIMER PELIGRO: EL PECADO TIENE UNA CARNADA ATRACTIVA QUE ESCONDE UN ANZUELO DOLOROSO Y MORTAL (VS 29-32) ¿Para quién será el ay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los ojos? 30 Para los que se detienen mucho en el vino, Para los que van buscando la mistura. No mires al vino cuando rojea Cuando resplandece su color en la copa. Se entra suavemente; 32 Mas al fin como serpiente morderá, Y como áspid dará dolor.  

El versículo 29 nos muestra algunos de los efectos del pecado en nuestra vida: Ayes, dolor, rencillas, quejas, heridas y golpes en la vida, pero ¿es eso lo que el mundo nos ofrece? NO, satanás nos ofrece placer, diversión, alegría, popularidad, prosperidad, etc. 

Es decir que así como el vino se ve muy atractivo en la copa, así el pecado se muestra muy atractivo, llamativo, irresistible, es exactamente como la carnada con la que los pescadores cubren el anzuelo para pescar, al pez lo atraen, lo seducen con el anzuelo, y cuando lo muerde, ya no puede librarse y muere. 

El pecado entra en nuestra vida suavemente, muchas veces inofensivamente, pero siempre al final traerá dolor y amargura a nuestra vida. (La sustancia más amarga del mundo se llama Bitrex, pero el pecado es aún más amargo, porque sus efectos permanecen por mucho tiempo en nuestra vida)

II) SEGUNDO PELIGRO: EL PECADO NOS TRASTORNA Y NOS CORROMPE (VS 33) Tus ojos mirarán cosas extrañas, Y tu corazón hablará perversidades.

Los efectos del licor en la manera de actuar de una persona son muy notorios por más que la persona que está embriagada trate de comportarse normalmente, así es el pecado en nuestra vida, por más que tratemos de ocultarlo, sus efectos son notorios, el pecado nos trastorna, nos hace cometer locuras, nos hace ver cosas extrañas, pues por causa del pecado llegamos a ver a nuestra familia como nuestros enemigos, llegamos a ver a nuestros hijos con indiferencia, llegamos a ver los caminos de Dios como algo aburrido e innecesario en nuestra vida.

Y esa corrupción de nuestro corazòn se manifiesta en las palabras que salen de nuestra boca, palabras de perversidad, de violencia, llenas de mentiras, de ofensas, pues si dejamos que el pecado controle nuestra vida, el pecado al igual que el licor a un borracho, nos transforma y nos corrompe.

III) TERCER PELIGRO: EL PECADO NOS VUELVE ESCLAVOS (VS 34-35) Serás como el que yace en medio del mar, O como el que está en la punta de un mastelero. 35 Y dirás: Me hirieron, mas no me dolió; Me azotaron, mas no lo sentí; Cuando despertare, aún lo volveré a buscar.

El que está en medio del mar es llevado por las corrientes marítimas y por las olas y él que está en la punta de un mastelero no tiene el control pues otro lleva el timón del barco, así es la vida de una persona dominada por el pecado.

Una persona que está esclavizada por un pecado, puede estar sufriendo duras consecuencias, puede estar perdiendo su matrimonio y su familia, puede estar quedando en la pobreza, pero cada mañana, vuelve a buscar lo que tanto lo destruye, así exactamente como un alcohólico desesperado por por un trago de licor en la mañana.

¿QUE TENEMOS QUE HACER ENTONCES? (1 JUAN 1:9) Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.  Tenemos que reconocer y confesar nuestros pecados delante del Señor, con un corazón arrepentido y con la seguridad de que la sangre de nuestro Señor Jesucristo nos limpia de todo pecado y nos hace libres de toda esclavitud, NO JUGUEMOS CON ÉL PECADO, vengamos hoy delante del Señor, y él nos limpiara. 

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