NO PERDAMOS NUESTRAS GENERACIONES

TEMA: NO PERDAMOS NUESTRAS GENERACIONES

 

TEXTO: JUECES 2:8-10

 

INTRODUCCION

 

Los versículos que hemos leído para comenzar nos narran un momento muy triste en la historia del pueblo de Israel, después de haber salido de Egipto y haber pasado 40 años en el desierto viendo las maravillas de Dios y luego de haber conquistado con Josué la tierra prometida, esa generación de guerreros, esa generación de conquistadores, de hombres y mujeres que vieron la mano poderosa de Dios peleando por ellos, murió. 

 

Pero en el vs 10 se nos dice que después de ellos se levantó una nueva generación que NO CONOCÍA A DIOS, ni la obra que él había hecho, es decir que la generación anterior, la generación de Moisés y de Josué, dejaron perder su próxima generación, no dejaron un legado espiritual en ellos, no se ocuparon por transmitirles su fe, no se ocuparon en transmitir la visión de Dios, no se tomaron el tiempo de transmitirles la palabra de Dios a su próxima generación.

 

La generación de Josué estaba enfocada en conquistar la tierra, en ganar las batallas, en cumplir la misión que a ellos les fue encomendada, pero se olvidaron de su siguiente generación y tristemente esa siguiente generación se perdió (Vs 11-17) 

 

TRASLADEMOS ESTA HISTORIA A NUESTRA VIDA ACTUAL: Nosotros los cristianos de hoy podemos representar muy bien a la generación de Josué, estamos conquistando para el Reino de Dios, estamos ganando almas, estamos en campañas evangelísticas, estamos peleando las batallas para que la iglesia avance, estamos en vigilias, en ayunos y oración, pero ¿DÓNDE ESTÁN NUESTROS HIJOS Y NIETOS? 

 

Quizás algunos podríamos pensar ¡Mis hijos no están perdidos! Mis hijos e hijas no tienen vicios, estudian, tienen títulos académicos, tienen buenos empleos, etc, pero tenemos que comprender una verdad espiritual: Una generación sin Dios, es una generación perdida, aunque no queramos aceptarlo. 

 

Y tenemos que comprender que el peligro de ya no ser una generación de conquistadores para Dios, de ya no ser una generación que pelea las batallas de la mano de Dios, es que los convierte en una generación en fracaso espiritual (vs 18-21) 

 

Es por eso que es muy importante responder estas preguntas ¿En qué estamos fallando? ¿Como estamos dejando perder nuestra siguiente generación? Veamos la respuesta en la palabra de Dios: 

 

I) POR QUE ESTAMOS EVANGELIZANDO A LOS DE AFUERA PERO NOS HEMOS OLVIDADO DE LOS DE NUESTRA PROPIA CASA (HECHOS 1:8) 

 

Podemos ver que los círculos de influencia del evangelio comienzan desde lo más cercano hasta lo más lejano, hasta lo último de la tierra. 

 

Por lo tanto tenemos que comprender que no podemos comenzar a ganar para Cristo a lo último de la tierra si nuestra Jerusalén, es decir, nuestra casa aún no son salvos. 

 

Que bendición por todas las almas que semana tras semana ganamos en las calles, en las colonias, en los municipios, pero ¿Ya Son salvos nuestros hijos? ¿Ya son salvos nuestros nietos?

 

Tenemos que comprender que la primera misión evangelistica que nuestro Dios nos encomienda a cada uno de nosotros es en nuestro hogar, a nuestra familia (Hechos 16:31) tenemos que asegurarnos primeramente de la salvación de nuestros hijos e hijas, de nuestros nietos y nietas. 

 

II) POR LA FALTA DE AUTORIDAD Y DISCIPLINA EN NUESTRA CASA (JUECES 17:6) 

 

Donde no hay liderazgo, donde no hay alguien que tome la autoridad, cada quien hace lo que bien le parece, y generalmente eso significa hacer lo que no agrada a Dios. 

 

Muchos de nosotros podemos tener puestos de liderazgo en nuestra iglesia, en nuestros trabajos, en nuestra comunidad, pero tenemos que comprender que el primer lugar donde tenemos que ejercer nuestro liderazgo y nuestra autoridad es en nuestra propia casa. 

 

En una familia cristiana nuestros hijos e hijas tienen que saber que el congregarse en la iglesia no es algo opcional, no es una elección, es algo que es parte de nuestra disciplina como familia (Josué 24:15) 

 

Tenemos que leer bien él texto, no dice “Yo, y si ellos quieren, también mi casa” es necesaria usar la autoridad que Dios nos ha dado primeramente en nuestro hogar.

 

III) POR NUESTRO MAL TESTIMONIO EN CASA (1 TIMOTEO 1:5) 

 

Tenemos que saber que nuestra fe fingida es muy dañina para nuestras generaciones, el que nuestros hijos nos vean aparentando ser buenos cristianos en la iglesia, aparentando ser muy espirituales, aparentando ser un matrimonio feliz en la iglesia, pero sabiendo que en casa es algo totalmente diferente, es algo que genera desánimo y rechazo para las cosas de Dios en el corazón de nuestros hijos.

 

Nuestros hijos no quieren padres perfectos, lo que si quieren son padres sinceros, no hipócritas, que viven un cristianismo de apariencias en la iglesia pero que se comportan peor que un inconverso en su casa.

 

Y ese mal testimonio incluye la totalmente dañina MURMURACIÓN (1 Corintios 10:10-11)  muchos de nosotros como padres hemos cometido el error de murmurar en nuestras casas en contra de la iglesia, de los pastores, de nuestros hermanos en Cristo, de nuestros líderes de ministerios, y solamente eso ya es algo muy dañino, pero aun peor es que lo hemos hecho frente a nuestros hijos, los hemos contaminado a ellos de nuestra murmuración, los hemos contagiado de la lepra de la murmuración. 

 

IV) PORQUE NOS HEMOS DESCUIDADO DEL DISCIPULADO EN NUESTRO HOGAR (DEUTERONOMIO 11:18-20) 

 

Muchos de nosotros estamos cometiendo el error de no llevar a Jesús a nuestras casas, de no leer su palabra en familia, de no orar juntos como familia.

 

Tenemos que enseñarles nosotros a nuestros hijos la importancia de leer la palabra de Dios todos los días, la importancia de congregarse constantemente, la necesidad de orar siempre, la importancia del temor a Dios en nuestra vida, etc.

 

Es necesario que comprendamos que más que padres de familia si somos una familia cristiana nosotros somos sacerdotes de nuestros hogares, tenemos que ser pastores de nuestros hijos e hijas. 

 

Y HAY UN GRAN PELIGRO: Si no estamos discipulando a nuestros hijos para Cristo, siempre habrá alguien que los este discipulado, pero para el enemigo. 
CONCLUSIÓN: Este día tomemos las palabras de la alabanza del hermano Marcos Brunet y digamos juntos: Mis generaciones y yo, serviremos al Señor. (Isaias 59:21)

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