ESTUDIO BIBLICO, LA GRATITUD II PARTE: ¿POR QUE NO SOMOS AGRADECIDOS?

ESTUDIO BIBLICO, LA GRATITUD II PARTE: ¿POR QUE NO SOMOS AGRADECIDOS?

TEXTO: LUCAS 7:36-39 Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. 37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.

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Como lo vimos en el estudio anterior en el cual reflexionamos sobre las razones para tener un corazón agradecido, pudimos comprender que el agradecimiento en la vida de cada uno de nosotros no es algo opcional, sino que es la voluntad de Dios para nuestra vida, que vivamos una vida de agradecimiento por la bondad, la misericordia y la gracia del Señor manifestada en cada uno de nosotros. 

Entonces, ¿Por qué hay tantos cristianos que no tienen un corazón agradecido? ¿Por qué hay cristianos tan indiferentes al Señor y a su iglesia? En el texto que hemos leído en el cual nos narra el momento en el cual nuestro Señor Jesucristo entro a la casa de un fariseo llamado Simón podemos encontrar algunas de las respuestas a esas preguntas: 

VEAMOS LO QUE NOS ENSEÑA LA PALABRA DE DIOS

I) NO SOMOS AGRADECIDOS PORQUE NO RECONOCEMOS NUESTRA CONDICIÓN DE PECADO (VS 37-39) Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora.

Simón el fariseo cuando vio que una mujer que seguramente era muy conocida en la ciudad por ser pecadora llegó por detrás y comenzó a ungir con perfume y con sus lágrimas los pies del Señor y que no solamente los ungía sino que también besaba los pies de Jesús, la menospreció en su corazón. 

Y no solamente menosprecio a la mujer por ser pecadora, sino que también menosprecio al Señor, diciendo “…Si este fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca…” 

Ese hombre fariseo no reconocía su propia condición de pecado, que así como esa mujer era una mujer pecadora él también era un hombre pecador, igual o más pecador que ella pues si él hubiera reconocido quién era él y delante de quien estaba también él tendría que estar postrado delante del Señor adorando y sirviendo con amor. 

APLIQUEMOS ESTA HISTORIA A LA IGLESIA DE HOY: Lastimosamente muchos cristianos somos como Simón el fariseo, cuando vemos a otros cristianos sirviendo con amor al Señor, adorando de todo corazón, derramando su corazón y sus lágrimas delante de Dios, cuando vemos a otros hermanos o hermanas de nuestra congregación buscando más de la presencia del Señor Dios, lo que hacemos muchas veces es llamarlos hipócritas, o santurrones. (Santurrón es una persona que muestra una devoción religiosa exagerada o hipócrita) 

Pero posiblemente en realidad no es que los hermanos sean hipocritas, no es que sean cristianos santurrones viviendo una espiritualidad fingida, sino que quizás ellos, a diferencia de algunos de nosotros, han reconocido su condición de pecado, han comprendido que solamente el amor y la gracia de Dios los ha podido rescatar y salvar, han comprendido que nadie más en este mundo podía hacer por sus vidas algo comparado con lo que nuestro Dios ha hecho en ellos. 

Si nosotros comprendieramos nuestra condición de pecado y el amor y la paciencia que nuestro Dios ha tenido por nosotros a pesar de nuestros pecados, a pesar de nuestras rebeliones, a pesar de todas las veces que lo rechazamos, deberíamos ser nosotros también los que busquemos la manera de servir al Señor con amor, de adorarle de todo corazón y de derramar nuestra alma en adoración delante del Señor. 

II) NO SOMOS AGRADECIDOS PORQUE NO HEMOS COMPRENDIDO LA MAGNITUD DE LA OBRA REDENTORA DE DIOS EN NUESTRA VIDA (VS 40-47) Entonces respondiendo Jesús, le dijo: Simón, una cosa tengo que decirte. Y él le dijo: Di, Maestro. 41 Un acreedor tenía dos deudores: el uno le debía quinientos denarios, y el otro cincuenta; 42 y no teniendo ellos con qué pagar, perdonó a ambos. Di, pues, ¿cuál de ellos le amará más? 43 Respondiendo Simón, dijo: Pienso que aquel a quien perdonó más. Y él le dijo: Rectamente has juzgado. 44 Y vuelto a la mujer, dijo a Simón: ¿Ves esta mujer? Entré en tu casa, y no me diste agua para mis pies; mas ésta ha regado mis pies con lágrimas, y los ha enjugado con sus cabellos. 45 No me diste beso; mas ésta, desde que entré, no ha cesado de besar mis pies. 46 No ungiste mi cabeza con aceite; mas ésta ha ungido con perfume mis pies.47 Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama.

En esta parábola de los dos deudores con la que Jesús confronto a Simón, que nos habla de dos hombres deudores, de uno tenía una deuda de cincuenta denarios y de otro que tenía una deuda de quinientos, a los cuales el acreedor les perdonó la deuda la clave para comprender el mensaje está en la pregunta que Jesús hizo: ¿Cuál de ellos amará más al acreedor que les perdonó la deuda? y la respuesta de Simón fue correcta: él que más amaria sería al que se le perdonó más. 

Es por eso que esa mujer llegó delante del Señor para ungir sus pies con un perfume muy caro, por eso esa mujer regaba con sus lágrimas los pies del Señor, porque ella reconocía la magnitud de sus pecados, ella reconocía la enorme deuda que tenía para con Dios y el perdón tan grande que recibió de parte del Señor.

Muchos de nosotros no somos agradecidos con nuestro Dios y somos indiferentes con él y vemos de menos su iglesia, no queremos servir y si lo hacemos lo hacemos de mala gana, porque no hemos comprendido la magnitud de la obra redentora que Dios ha hecho en nuestra vida, no hemos comprendido la deuda tan grande de pecados que nuestro Dios nos ha perdonado por medio de Jesucristo. 

Nuestro Dios no nos perdonó algunos pecados, no nos perdonó los pecados menos graves, él nos perdonó TODOS nuestros pecados por medio de la sangre derramada en la cruz por nuestro Señor Jesucristo (Colosenses 2:13) Y a vosotros, estando muertos en pecados y en la incircuncisión de vuestra carne, os dio vida juntamente con él, perdonándoos todos los pecados,

EN LOS PRÓXIMOS ESTUDIOS REFLEXIONAREMOS EN LA FORMA COMO NOSOTROS PODEMOS EXPRESAR NUESTRO AGRADECIMIENTO AL SEÑOR POR SU MISERICORDIA Y BONDAD PARA NUESTRA VIDA.