ESTUDIO BIBLICO, LA SEGURIDAD BÍBLICA DE LA SALVACIÓN IV PARTE: ¿COMO PUEDO SABER SI SOY SALVO?

ESTUDIO BIBLICO, LA SEGURIDAD BÍBLICA DE LA SALVACIÓN IV PARTE: ¿COMO PUEDO SABER SI SOY SALVO?

TEXTO:  2 CORINTIOS 13:5 Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados? 

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Millones de personas en el mundo todos los días se hacen pruebas de distinto tipo, muchos de ellos para saber si se han contagiado de covid, otros para saber si son VIH positivos, millones de mujeres hacen pruebas de embarazo, pero lastimosamente millones de personas no se han preocupado por hacerse a sí mismos la principal de todas las pruebas: PREGUNTARSE ¿SOY SALVO O NO SOY SALVO?

Verdaderamente esta es la prueba más importante en la vida de todo ser humano, reflexionar sobre su vida eterna, reflexionar sobre su vida después de la muerte.

Es por eso que este día vamos a responder por medio de la palabra de Dios esta pregunta tan importante ¿Como puedo saber si soy salvo? Veamos lo que nos enseña la palabra del Señor: 

I) PUEDO SABER SI SOY SALVO SI HE CREÍDO EN CRISTO Y HE CONFESADO CON MI BOCA QUE JESÚS ES EL SALVADOR Y SEÑOR DE MI VIDA (ROMANOS 10:8-13) Mas ¿qué dice? Cerca de ti está la palabra, en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que predicamos: 9 que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. 10 Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. 11 Pues la Escritura dice: Todo aquel que en él creyere, no será avergonzado. 12 Porque no hay diferencia entre judío y griego, pues el mismo que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan; 13 porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo.

Lastimosamente muchas personas erróneamente creen que son salvas porque en un evento evangelístico levantaron la mano, o fueron llevadas al altar y alguien oró por ellos, pues la palabra de nuestro Dios nos muestra que la salvación es una confesión de fe personal, es decir, no soy salvo porque otra persona oro por mi, soy salvo cuando yo creo en MI CORAZÓN y confieso con MI BOCA que Jesucristo es mi Señor y Salvador personal.

Tenemos que saber que la salvación no viene por medio de un método inventado por un pastor o por una organización religiosa, no es por un modelo de oración, o por una postura al estar delante del altar, la salvación viene de la fe del corazón del pecador expresada con sus palabras por medio de una confesión de fe. 

También es necesario comprender que aunque hayamos crecido en una iglesia, si desde pequeños estamos en los caminos del Señor, pero nunca hemos hecho nuestra confesión de fe en Cristo entonces NO SOMOS SALVOS

Recordemos que la salvación no se obtiene por los años que estamos en una iglesia o por formar parte de una familia cristiana, sino por confesar con fe a Jesucristo. 

II) PUEDO SABER SI SOY SALVO SI HE EXPERIMENTADO EN MI VIDA LA CONVERSIÓN PRODUCIDA POR EL NUEVO NACIMIENTO (ISAIAS 1:16-17)  Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo; 17 aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda.               

Estos versículos del Antiguo Testamento escritos por el profeta Isaias eran imposibles de cumplir para el pueblo de Israel, ya que la ley solamente nos muestra lo pecaminoso que somos, pero no puede regenerarnos ni transformarnos. 

Pero ahora es posible para nosotros por medio de Jesucristo, pues desde el momento que confesamos a Jesucristo como Señor y salvador de nuestra vida en nuestra vida ocurre un nuevo nacimiento (Juan 3:5-7) Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios. 6 Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. 7 No te maravilles de que te dije: Os es necesario nacer de nuevo.                                                                                                                                                                                                Podemos decir entonces que la regeneración o nuevo nacimiento es un acontecimiento que ocurre una vez en el momento que recibimos a Jesucristo como Señor y salvador de nuestra vida, pero la conversión es un proceso por medio del cual el Espíritu Santo nos guía todos los días para vivir una vida agradable al Señor (Romanos 8:14) Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios, éstos son hijos de Dios.    

¿Cómo se manifiesta en nuestra vida esa conversión de nuestro corazón? 

  • Ya no practicamos el pecado en nuestra vida (1 Juan 5:18) Sabemos que todo aquel que ha nacido de Dios, no practica el pecado, pues Aquel que fue engendrado por Dios le guarda, y el maligno no le toca. Sabemos que todos los cristianos pecamos, pues nuestra naturaleza pecaminosa aún está en nosotros, pero no practicamos el pecado, es decir no vivimos y nos deleitamos en el pecado como antes lo hacíamos.
  • El pecado de nuestra vida nos entristece y nos lleva al arrepentimiento (2 Corintios 7:9) Ahora me gozo, no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis contristados para arrepentimiento; porque habéis sido contristados según Dios, para que ninguna pérdida padecieseis por nuestra parte. El pecado de nuestra vida ya no es indiferente para nosotros, sino que produce dolor y tristeza en nuestro corazón y esa tristeza nos lleva al verdadero arrepentimiento. 
  • Ya no amamos la vida mundana, sino que por amor al Señor deseamos hacer su voluntad (1 Juan 2:15-16) No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. 16 Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Ya la vida que el mundo ofrece no nos satisface, ya no es nuestro anhelo, pues no queremos agradar al mundo sino al Señor que nos salvó, y para agradarle deseamos hacer su voluntad en nuestra vida. 
  • No aborrecemos a nuestro prójimo sino que lo amamos y procuramos su bien (1 Juan 4:20-21) Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? 21 Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano. Una de las mayores muestras del nuevo nacimiento y de la conversión de nuestra vida es que podemos amar a nuestro prójimo y aun amar a nuestros enemigos y bendecir a los que nos aborrecen y murmuran de nosotros.

III) PUEDO SABER SI SOY SALVO POR LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU QUE HAY EN MI VIDA (GÁLATAS 5:22-25) Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, 23 mansedumbre, templanza; contra tales cosas no hay ley. 24 Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. 25 Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. 

Podríamos decir que la conversión de nuestra vida se ve reflejada en lo malo que dejamos de hacer, y los frutos del Espíritu se manifiestan en todo lo bueno y agradable a Dios que hacemos en nuestra vida por medio del Espíritu Santo. 

Pues tenemos que comprender que el amor, el gozo, la paciencia, la benignidad, la bondad, etc se manifiesta en la manera como vivimos y cómo nos relacionamos con los demás

Desde el momento que recibimos a Cristo el Espíritu Santo de Dios viene a nuestra vida y nos sella. (Efesios 1:13) En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,

Pero los frutos del Espíritu se dan en nosotros cuando caminamos en el Espíritu, es decir cuando nos llenamos del Espíritu Santo por medio de nuestra comunión con el Señor (Hechos 6:3) Buscad, pues, hermanos, de entre vosotros a siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, a quienes encarguemos de este trabajo.

Tenemos que recordar que NO SOMOS SALVOS POR LAS OBRAS, pero LAS OBRAS MUESTRAN QUE SOMOS SALVOS (Santiago 2:17-18) Así también la fe, si no tiene obras, es muerta en sí misma. 18 Pero alguno dirá: Tú tienes fe, y yo tengo obras. Muéstrame tu fe sin tus obras, y yo te mostraré mi fe por mis obras.

NOTA: Un cristiano puede ser salvo y no mostrar su conversión ni sus frutos cuando por su estilo de vida mundano ha contristado al Espíritu Santo en su vida  (Efesios 4:30) Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.