TRES PRINCIPIOS PARA UN BUEN FINAL

TEMA: TRES PRINCIPIOS PARA UN BUEN FINAL

TEXTO: FILIPENSES 3:13-14 Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, 14 prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús.

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Como nos lo muestra el texto que hemos leído podemos ver que nuestra vida tiene que tener una meta hacia la cual tenemos que proseguir todos los días, ese tiene que ser nuestro objetivo, LLEGAR AL FINAL DE NUESTRA VIDA EN SALVACIÓN, EN BENDICIÓN Y SIENDO AGRADABLES para nuestro Dios. 

Para poder llegar a ese buen final necesitamos vivir nuestra vida bajo TRES PRINCIPIOS ESPIRITUALES los cuales vamos a conocer hoy por medio de la palabra de nuestro Dios: 

I) PRINCIPIO DE PERTENENCIA (EFESIOS 2:19) Así que ya no sois extranjeros ni advenedizos, sino conciudadanos de los santos, y miembros de la familia de Dios

Tenemos que comprender que el mejor final para nuestra vida no es terminar con riquezas o con una buena posición social, o con muy buena salud, pues como lo dice la palabra del Señor de nada sirve tener todos los tesoros si se pierde nuestra alma (Marcos 8:36) Porque ¿qué aprovechará al hombre si ganare todo el mundo, y perdiere su alma? 

El mejor final para nuestra vida es terminar nuestros días con la plena seguridad que cuando muramos vamos a una vida muchos mejor, a disfrutar de la presencia del Señor (Filipenses 1:21-23) Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. 22 Mas si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra, no sé entonces qué escoger. 23 Porque de ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor;

Y la ÚNICA forma de poder terminar nuestra vida en salvación es pertenecer a la familia de Dios, ser un hijo de Dios por medio de recibir a Jesús como nuestro Señor y salvador personal (Juan 1:12) Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios;

II) PRINCIPIO DE PERMANENCIA (JUAN 15:7) Si permanecéis en mí, y mis palabras permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis, y os será hecho 

Tenemos que comprender que la clave para tener una vida cristiana disfrutando las bendiciones del Señor es PERMANECER en los caminos de Dios, permanecer en su iglesia, en su palabra. 

No podemos pensar que vamos a tener un final de bendición en nuestra vida si no hemos querido permanecer en los caminos de Dios, si hemos vivido menospreciando sus caminos y menospreciando su palabra. 

La unica forma de poder crecer espiritualmente y poder ver los frutos del Espíritu Santo en nuestra vida es ser firmes y constantes en los caminos de nuestro Dios (1 Corintios 15:58) Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.

III) PRINCIPIO DE OBEDIENCIA (COLOSENSES 1:9-10) Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, 10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;

Que maravilloso es poder llegar al final de nuestra vida sabiendo que hemos vivido una vida agradable para nuestro Dios, pero ¿Cómo podemos lograrlo? ¿Cómo podemos vivir una vida agradable para el Señor? La respuesta nos la da el texto que hemos leído: (Vs 10) VIVIENDO UNA VIDA COMO ES DIGNO DEL SEÑOR y eso significa vivir EN OBEDIENCIA. 

Para poder llegar a un buen final tenemos que preguntarnos ¿a quién quiero agradar? si quiero agradar al mundo entonces tenemos que vivir como toda persona del mundo, viviendo en la carne sin tomar en cuenta a Dios (Romanos 8:7-8) Por cuanto los designios de la carne son enemistad contra Dios; porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco pueden; 8 y los que viven según la carne no pueden agradar a Dios.

Pero si queremos agradar al Señor entonces tenemos que dejar de ser oidores de su palabra y tenemos que convertirnos en hacedores de la palabra (Santiago 1:22) Pero sed hacedores de la palabra, y no tan solamente oidores, engañándoos a vosotros mismos.