ESTUDIO BÍBLICO, EL SERMÓN DEL MONTE XVI PARTE: EL JUZGAR A LOS DEMÁS

ESTUDIO BÍBLICO, EL SERMÓN DEL MONTE XVI PARTE: EL JUZGAR A LOS DEMÁS

TEXTO: MATEO 7:1-6 No juzguéis, para que no seáis juzgados. 2 Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido. 3 ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 !!Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. 6 No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.

Este día continuamos con el estudio del sermón del monte y para eso vamos a iniciar un nuevo capítulo del evangelio de Mateo. En el capítulo 7 nuestro Señor Jesucristo comienza a tratar temas diferentes a los que ha venido hablando, y comienza primeramente con el tema de juzgar a los demás. 

Nuestro Señor Jesucristo comienza diciendo: “No juzguéis, para que no seáis juzgados» (Mateo 7:1). Verdaderamente muchas personas usan erróneamente este versículo en un intento por silenciar a sus críticos, interpretando a su conveniencia que Jesús quería decir «Usted no tiene el derecho de decirme que estoy equivocado”, y lastimosamente muchos cristianos utilizamos esta interpretación para continuar viviendo en pecado creyendo que nadie tiene que decirnos absolutamente nada. 

Primeramente tenemos que comprender dos puntos muy importantes: 

  1. El Señor no está prohibiendo todos los juicios, ya que muchos de ellos por ejemplo son necesarios para llevar a cabo la justicia en la sociedad, para evaluar el desempeño de las personas en una empresa, y para tomar decisiones para aplicar la disciplina en la iglesia cuando es necesario (1 Corintios 5:1-6) De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre. 2 Y vosotros estáis envanecidos. ¿No debierais más bien haberos lamentado, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que cometió tal acción? 3 Ciertamente yo, como ausente en cuerpo, pero presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que tal cosa ha hecho. 4 En el nombre de nuestro Señor Jesucristo, reunidos vosotros y mi espíritu, con el poder de nuestro Señor Jesucristo, 5 el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús. 6 No es buena vuestra jactancia. ¿No sabéis que un poco de levadura leuda toda la masa?

Pero tenemos que tener bien claro que el objetivo de juzgar o decidir para aplicar la disciplina en la iglesia debe ser siempre con el mismo objetivo del Señor: ARREPENTIMIENTO Y  RESTAURACIÓN, no condenación. 

  1. No debemos confundir JUZGAR con CORREGIR, solo Dios puede juzgar verdaderamente nuestra vida, pues él nos conoce tal cual somos, pero el Señor puede usar personas para corregir nuestra vida por medio de su palabra. (Proverbios 19:20) Escucha el consejo, y recibe la corrección, Para que seas sabio en tu vejez. 

Lo que el Señor nos está haciendo entender en este texto es que tenemos que evitar convertirnos en jueces con malos pensamientos haciendo distinción entre las personas por su apariencia, por sus comportamiento, por su manera de pensar (Santiago 2:4) ¿no hacéis distinciones entre vosotros mismos, y venís a ser jueces con malos pensamientos?

CUANDO EL SEÑOR NOS DICE NO JUZGUÉIS, ¿A QUE SE ESTÁ REFIRIENDO ENTONCES? 

I) A CUIDARNOS DEL JUICIO SUPERFICIAL  Es decir juzgar a alguien basándonos solamente en las apariencias es pecado (Juan 7:24) No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio. No podemos sacar conclusiones sin conocer los hechos (Proverbios 18:13) Al que responde palabra antes de oír, Le es fatuidad y oprobio. Podemos ver en el evangelio que Simón el fariseo juzgó a una mujer solamente en base en su apariencia y a su reputación, pero no pudo ver la realidad, que la mujer ya había sido perdonada (Lucas 7: 36-39) Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa.37 Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; 38 y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. 39 Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora. 

II) A CUIDARNOS DEL JUICIO HIPÓCRITA Tenemos que comprender que cuando señalamos el pecado de otros mientras nosotros estamos cometiendo el mismo pecado, nos estamos condenando a nosotros mismos (Mateo 7:3-5) ¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? 4 ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo? 5 !!Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano. (Romanos 2:1) Por lo cual eres inexcusable, oh hombre, quienquiera que seas tú que juzgas; pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo; porque tú que juzgas haces lo mismo. (Romanos 2:21-22) Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo? Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? 22 Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras? Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio?

El énfasis de estos textos está en observar y reconocer nuestros propios errores antes de ver o señalar el de los demás. Lamentablemente muchos de nosotros tenemos la costumbre de juzgar y criticar los errores de los demás, sin considerar nuestros propios errores. 

III) A CUIDARNOS DEL JUICIO SEVERO E IMPLACABLE Nosotros como hijos de Dios somos llamados a mostrar misericordia y mansedumbre para con todos (Tito 3:2).Que a nadie difamen, que no sean pendencieros, sino amables, mostrando toda mansedumbre para con todos los hombres. Nuestro Señor Jesucristo lo dejó claro en sus enseñanzas (Mateo 7:2)  Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.

La palabra de Dios nos llama a usar la mansedumbre para restaurar a nuestros hermanos, no a destruirlos, reconociendo también nosotros nuestras propias debilidades y que tambien un dia nosotros tambien podemos caer (Gálatas 6:1) Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.

IV) A CUIDARNOS DEL JUICIO HECHO CON SOBERBIA Nosotros los hijos de Dios estamos llamados a vivir y actuar con humildad  para con nuestro prójimo. Nuestro Señor  Jesucristo nos muestra por medio de una parábola como un hombre Fariseo juzgo desde su soberbia la vida de un publicano (Lucas 18:10-14) Dos hombres subieron al templo a orar: uno era fariseo, y el otro publicano.11 El fariseo, puesto en pie, oraba consigo mismo de esta manera: Dios, te doy gracias porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos, adúlteros, ni aun como este publicano; 12 ayuno dos veces a la semana, doy diezmos de todo lo que gano. 13 Mas el publicano, estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo: Dios, sé propicio a mí, pecador. 14 Os digo que éste descendió a su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se enaltece, será humillado; y el que se humilla será enaltecido. 

CONCLUSIÓN: Al  final de esta enseñanza sobre juzgar a los demás nuestro Señor Jesús nos advierte que no todas las personas apreciaran las palabras de corrección aunque sean justas. Es decir que no tiene sentido corregir a alguien que no quiere ser corregido y que no tiene arrepentimiento en su corazón, por eso nuestro Señor dijo estamos palabras, duras pero verdaderas (Mateo 7:6) No deis lo santo a los perros, ni echéis vuestras perlas delante de los cerdos, no sea que las pisoteen, y se vuelvan y os despedacen.