EL PADRE QUE EL MUNDO NECESITA

TEMA: EL PADRE QUE EL MUNDO NECESITA

 

TEXTO: MATEO 3:16-17

 

INTRODUCCION

 

Quiero comenzar este mensaje con una pequeña historia: Hace algunos años llegó a una ciudad un hombre buscado a su hijo llamado Pedro, al cual tenía 20 años de no ver ni saber nada de él, ya que este hombre se divorció de la madre de su hijo y había emigrado a un país lejano.

 

Como no sabia como poder contactar a su hijo se le ocurrió pegar en todos los postes de la ciudad una nota donde se leía lo siguiente: Pedro, soy tu padre, te estoy buscando y quiero conocerte, quiero darte un abrazo y decirte que te amo, te espero esta tarde a las 3:00 pm en él parque central de la ciudad, y la nota iba firmada por tu padre que te ama.

 

Para sorpresa del padre esa tarde a las 3:00 pm en el parque central de la ciudad habían miles de Pedros, esperando el abrazo de un padre.

 

Esta pequeña historia nos dice algo muy importante: El mundo necesita un padre. Y existen datos impactantes que nos permiten comprender que esto es una realidad: 

 

  • El 63% de los suicidios se dan en hogares sin padre.

 

  • El 85% de los niños con problemas de conducta proceden de hogares sin padre.

 

  • El 40% de niños en el mundo que están en entidades estatales como guarderías, correccionales, centros de detención de menores, etc provienen de hogares sin padre.

 

Estos son datos que nos deben hacer reaccionar para darnos cuenta la necesidad que tiene en el mundo de tener un padre en el hogar, pero tenemos que comprender que primeramente el mundo necesita tener no solamente un padre terrenal, sino primeramente un padre celestial, y ese padre que el mundo necesita urgentemente es nuestro Dios.

 

En los textos que hemos leído podemos comprender las bendiciones que trae a nuestra vida él tener a Dios como nuestro padre: 

 

I) TODA PERSONA EN EL  MUNDO NECESITA QUE DIOS SEA SU PADRE PARA TENER IDENTIDAD (MATEO 3:17a) 

 

En el momento del bautismo el padre celestial dejó bien clara cual era la identidad de Jesús: El es mi hijo. 

 

En este mundo la identidad que todos necesitamos es la identidad de ser un hijo de Dios, el que no tiene esa identidad lamentablemente vive en condenación e irá a condenación eterna (Apocalipsis 20:15 / 21:27)

 

Para un cristiano su identidad está en Dios, podemos decir confiadamente: Yo se quien soy, soy un hijo de Dios, tengo un padre que me ama, tengo un destino eterno, se para donde voy y sé que mi vida tiene un propósito.

 

Lamentablemente satanás con sus engaños ha logrado que millones de personas en el mundo traten de encontrar equivocadamente su identidad en las cosas, en los títulos, en el dinero, en las pandillas y grupos delictivos, en los círculos sociales, etc.

 

La palabra de Dios nos muestra que en el tema de identidad solamente hay dos opciones, o somos hijos o somos esclavos (Juan 8:34-35)  Si yo no soy hijo de Dios, todo lo que yo trate de hacer o de buscar para tener identidad me llevara a la esclavitud.

 

II) TODA PERSONA EN EL MUNDO NECESITA QUE DIOS SEA SU PADRE PARA SENTIRSE VERDADERAMENTE AMADA Y VALORADA (MATEO 3:17:B) 

 

El padre celestial al hablar de Jesús en el momento del bautismo dijo: Este es mi hijo, pero no solamente declaró que era su hijo, sino también que era su hijo amado en quien tengo complacencia, es decir que Jesús era su hijo que lo llenaba de satisfacción y lo hacía sentirse orgulloso. 

 

Muchas personas en el mundo sufren por no sentirse amadas ni tampoco valoradas, por no poder cumplir las expectativa de sus padres, de sus maestros o de sus cónyuges, y posiblemente han escuchado decir: Me avergüenzas, me has decepcionado, no sirves para nada, etc

 

Pero qué maravilloso es saber que Dios, nuestro padre celestial nos ama a nosotros sus hijos sin expectativas, el ha decidido amarnos, el Antiguo Testamento estaba basado en un mandato: amarás al Señor tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, pero el Nuevo Testamento está basado en una buena noticia: DIOS ME AMA por sobre todas las cosas, y por eso puedo vivir confiado y seguro (Romanos 8:38-39) 

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