ESTUDIO BÍBLICO, LA NUEVA NORMALIDAD II PARTE: LA RE APERTURA DE LAS IGLESIAS 

ESTUDIO BÍBLICO, LA NUEVA NORMALIDAD II PARTE: LA RE APERTURA DE LAS IGLESIAS 

 

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TEXTO: SALMO 122:1

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Seguimos con la serie de estudios Bíblicos del mes de agosto enfocados en analizar desde un enfoque Bíblico la nueva normalidad a la cual poco a poco todos tendremos que enfrentarnos y acostumbrarnos.

 

Dentro de esta nueva normalidad que estaremos viviendo en nuestros países hay algo que nos llena de mucho gozo y alegría: LA RE APERTURA DE NUESTROS TEMPLOS, es decir volver a congregarnos de manera presencial en nuestras iglesias, lo cual es algo muy importante y también muy necesario para nuestra comunión con Dios y nuestro crecimiento espiritual. 

 

Pero tenemos que saber que el retorno a nuestros templos o la re apertura de la iglesia no será en las mismas condiciones como lo hacíamos antes de la pandemia, también esto será muy diferente, como la mayoría de cosas en la nueva normalidad. 

 

Tenemos que reconocer que hay una palabra que marcará el retorno a nuestras iglesias, y esta palabra es PROTOCOLO, ya que para poder congregarnos de una manera más segura para todos se necesitan cumplir algunos lineamientos enfocados en evitar que las iglesias se conviertan en focos de contagios para la comunidad. 

 

Definamos primeramente que es un PROTOCOLO: Son determinadas normas, reglas e instrucciones que las personas de un determinado grupo deberán CONOCER Y RESPETAR con el objetivo de guiar una conducta en situaciones específicas.. 

 

Seguramente para muchos cristianos el tema de congregarse cumpliendo reglas y protocolos es algo que les puede parecer molesto o excluyente, pero tenemos que reconocer que las reglas y protocolos para evitar contagios y enfermedades no es algo ajeno al pueblo de Dios, ni está fuera del contexto Bíblico. 

 

  • En el pentateuco podemos ver como Moisés dejó bien establecido el protocolo de manejo de las personas sospechosas de estar infectadas de lepra, para evitar que se contagiaran más personas del pueblo. (Levítico 13:4-8) 

 

  • En el nuevo testamento podemos ver como nuestro Señor Jesucristo al sanar personas leprosas seguía después el mismo protocolo establecido por Moisés (Marcos 1 :40-44)

 

Esto nos demuestra que el pueblo de Dios, que es un pueblo de fe, no está exento de cumplir los protocolos, nos demuestra que la iglesia debe ser siempre una comunidad de fe pero también de sabiduría y prudencia.

 

MANEJANDO LOS MALOS COMENTARIOS Y LAS CRÍTICAS EN ESTE PROCESO DE REAPERTURA DE LAS IGLESIAS: definitivamente que todo aquello que significa cambios o salir de nuestra zona de comodidad, es decir de lo que ya estamos acostumbrados, producirá  en muchas personas enojos, críticas, y malos comentarios, los cuales seguramente cargaran el corazón de pastores y líderes en las congregaciones, pues surgen muchas preguntas en el corazón tales como: ¿sera que por tratar de hacer lo correcto estamos obrando mal? ¿Será que nos estamos comportando con incredulidad? REFLEXIONEMOS SOBRE ESTOS TEMAS EN LA PALABRA DE DIOS: 

 

I) CON ESTOS PROTOCOLOS DE PROTECCIÓN  ¿ACASO EN LA IGLESIA SE HA PERDIDO LA FE? (MATEO 10:16) 

 

La respuesta a esta pregunta es NO, la fe de la iglesia sigue viva puesta en Dios, pero eso no significa ser irresponsables ni imprudentes en nuestras acciones. 

 

Estos protocolos son la parte que humanamente tenemos que hacer para evitar los contagios y la enfermedad en la iglesia, pero estamos seguros y confiamos que la protección verdadera y completa viene de Dios.

 

Nuestro Señor Jesucristo les dijo a sus discípulos que los enviaba como ovejas en medio de lobos, y un poco tiempo después eso fue algo literal pues la iglesia fue salvajemente perseguida tanto por los judíos como por el imperio romano, y podemos ver que la recomendación del Señor fue: SEAN PRUDENTES.

 

II)  CON ESTOS PROTOCOLOS ¿SE HA PERDIDO EL AMOR EN LA IGLESIA? (2 TESALONICENSES 1:3) 

 

Dentro de los protocolos de la mayoría  de iglesias está establecido que las personas que estén enfermas, que tengan síntomas de Covid, que tengan enfermedades crónicas, los niños y los adultos mayores no podrán estar en la iglesia en estas primeras fases de la re apertura de los templos. 

 

¿Esto significa que la iglesia ha perdido el amor? NO, AL CONTRARIO, es una muestra de amor hacia nuestros prójimos, pues el amor no debe ser egoísta, sino estar enfocado en nuestro prójimo, en cuidar y prevenir que nuestros hermanos y hermanas no se contagien y que puedan enfermarse, y evitando también por amor que los más vulnerables puedan sufrir una enfermedad grave. 

 

Pero quizás vemos que otros pastores de nuestra comunidad, o que vemos en las redes sociales o en televisión ya abrieron para todos, sin ninguna restricción ni protocolo, TENEMOS QUE COMPRENDER QUE CADA PASTOR TIENE QUE VELAR POR LAS OVEJAS QUE DIOS LE HA ENCOMENDADO Y CADA UNO DARÁ CUENTAS POR ELLAS (HEBREOS 13:17) 

 

III) CON ESTOS PROTOCOLOS ¿HA PERDIDO LA VISIÓN LA IGLESIA? (1 PEDRO 4:10) 

 

La iglesia NO HA PERDIDO LA VISIÓN, la está realizando de diferentes formas, con diferentes métodos, pues tenemos que saber que así como la gracia de Dios es multiforme así también hay formas nuevas de cumplir la misión de ganar almas y predicar el mensaje del Reino de Dios. 

 

Quizás en estos primeros meses de la nueva normalidad no se podrá desarrollar abiertamente el evangelismo personal, entonces el reto es buscar formas novedosas y creativas para predicar la palabra de Dios y ganar las almas para Cristo. 

 

La clave para llevar a cabo la misión y la visión de la iglesia en esta nueva normalidad es tener la apertura para lo nuevo, NO SER ESTORBO DEL EVANGELIO SINO COPARTÍCIPE DE ÉL (1 Corintios 9:19-23) 

 

CONCLUSIÓN: Si algo NO tenemos que permitir es que esta nueva normalidad y los protocolos que cada iglesia aplicará nos causen división,  tomemos el consejo de Agustín de Hipona: En lo principal tengamos unidad, en lo secundario libertad, Este estudio no tiene el objetivo de imponer ni convencer, sino ayudar a tomar decisiones, pero como siervos de Dios tenemos que hacer lo que él nos ponga en el corazón (Filipenses 3:15) 

 

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