TEMA: PASOS PARA SER LIBRES DE LA AMARGURA
TEXTO: HECHOS 12:14-16 Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor. 15 Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; 16 no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura.
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La palabra de Dios declara que nuestro Señor Jesucristo vino para darnos primeramente salvación pero también vino a darnos vida en abundancia y la paz que el mundo no nos puede dar.
Pero lastimosamente muchos de nosotros no estamos disfrutando la vida abundante y la paz que el Señor nos ha dado porque hemos permitido que en nuestro corazón crezca una RAÍZ DE AMARGURA.
Tenemos que comprender que la amargura en la Biblia es comparada con una raíz porque no se ve a simple vista, pero está ahí, haciéndose cada vez más profunda en nuestro corazón, y afectando todo lo que en él hay.
Y es importante reconocer que uno de los motivos por los cuales aparecen las raíces de amargura en nuestro corazón es EL RESENTIMIENTO.
¿QUÉ ES EL RESENTIMIENTO? Es un sentimiento profundo de disgusto o enojo que tenemos hacia alguien por una ofensa pasada. Es nuestro doloroso recuerdo de las heridas que nos han causado.
Pero tenemos que tomar en cuenta lo que dice el Versículo 16: No sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. por UNA OFENSA QUE NO QUEREMOS PERDONAR estamos perdiendo grandes bendiciones en nuestra vida, estamos cambiando la paz de nuestro corazón, el gozo, la armonia de nuestra familia y la unidad de nuestro hogar, por mantener en nuestro corazón esa raíz de amargura que el resentimiento ha provocado.
Pero la palabra de Dios nos declara algo muy importante (Juan 6:38) Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.
VEAMOS ENTONCES AHORA POR MEDIO DE LA PALABRA DE DIOS CÓMO PODEMOS SER LIBRES DE LA AMARGURA:
I) PRIMER PASO: RECONOCER QUE DIOS ES EL JUEZ NO NOSOTROS
(Romanos 12:19) No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: Mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor.
Tenemos que comprender algo muy importante: Nos amargamos porque queremos actuar como jueces en contra de las personas que nos han ofendido, es decir, queremos dictaminar nosotros el castigo o la consecuencia que ellos merecen por lo que han hecho.
Y verdaderamente las personas que nos han dañado tienen que recibir la consecuencia de la ofensa o el daño que nos hicieron, pero no podemos olvidar algo: DIOS HA DICHO MÍA ES LA VENGANZA, YO PAGARÉ.
Dios no nos ha llamado a juzgar sino a perdonar, y lo que debemos hacer es entregar esa persona a Dios, reconociendo que sólo Él tiene derecho de juzgar y castigar a las personas por el mal que han hecho (Santiago 4:11-12) Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. 12 Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro? .
Reconocer que solo Dios puede juzgar, que sólo él puede salvar y perder, significa que no vamos a enojarnos ni murmurar cuando Dios decide tener misericordia de las personas que nos pudieron haber ofendido (Jonás 4:1-3) Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y se enojó. 2 Y oró a Jehová y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me apresuré a huir a Tarsis; porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo en enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. 3 Ahora pues, oh Jehová, te ruego que me quites la vida; porque mejor me es la muerte que la vida.
II) SEGUNDO PASO: CONFESAR NUESTRO PECADO A DIOS
(1 Juan 1:9) Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad.
Quizás en este punto algunos dirán: ¿Cómo voy a confesar mi pecado si el ofendido soy yo? Pero tenemos que comprender que NO PERDONAR ES UNA DESOBEDIENCIA A DIOS por lo tanto guardar resentimiento es un pecado del cual tenemos que arrepentirnos delante de Dios.
Es importante comprender que alguien puede habernos hecho daño con sus palabras o con sus acciones y esa persona es responsable ante Dios por el daño que nos causó, pero SI NOSOTROS GUARDAMOS RENCOR, TAMBIÉN ESTAMOS PECANDO Y SOMOS RESPONSABLES ANTE DIOS POR ESE PECADO DE AMARGURA, pues la Biblia nos manda a perdonar y tenemos que obedecer su palabra (Efesios 4:32) Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
III) TERCER PASO: DEBEMOS PERDONAR A LA PERSONA QUE NOS HA OFENDIDO ASÍ COMO CRISTO NOS PERDONÓ A NOSOTROS
(COLOSENSES 3:12-13) Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; 13 soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.
EL PERDÓN ES UNA DECISIÓN QUE DEBEMOS TOMAR, no es algo que se da de manera natural o involuntaria, y tenemos que reconocer que normalmente no queremos perdonar, es por eso que necesitamos vencernos a nosotros mismos, vencer nuestro orgullo, vencer nuestra soberbia y vencer nuestro enojo PARA HACER LA VOLUNTAD DE DIOS (Lucas 9:23) Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.
Perdonar de la manera que el Señor nos perdonó a nosotros significa perdonar de manera UNILATERAL, es decir, perdonar sin que nos pidan perdón. NO TENEMOS QUE ESPERAR HASTA QUE NOS PIDAN PERDÓN PARA PERDONAR.
Cuando Jesus fue crucificado ninguno de los que lo golpearon, ninguno de los que lo azotaron, ninguno de los que lo clavaron en la cruz le pidió perdón, pero él dijo estas palabras extraordinarias (Lucas 23:33-34) Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda. 34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.
Decidir perdonar significa arrancar de nuestro corazón la raíz de amargura que tanto daño le está haciendo a nuestra vida, y en realidad no le estamos haciendo un bien a la persona que nos ofendió, sino A NOSOTROS MISMOS
CONCLUSIÓN: Tal vez alguien te quitó años de paz, pero no permitas que también te quite los años que todavía tienes por delante. Hoy Dios quiere arrancar esa raíz que ha estado creciendo en silencio dentro de tu corazón. No tienes que seguir viviendo esclavo de una herida del pasado. Cristo dijo: “Si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.” Por eso, hoy no se trata de quién tuvo la culpa, ni de quién merece el perdón. Se trata de que tú mereces volver a tener paz. Entrega la herida, suelta el resentimiento, perdona y deja que Cristo sane tu corazón. Porque cuando perdonamos, no estamos perdiendo… estamos dejando en las manos de Dios aquello que nosotros ya no queremos seguir cargando. ¡HOY PUEDE SER EL DÍA EN QUE ESA RAÍZ DE AMARGURA MUERA Y VUELVA A FLORECER LA PAZ DE DIOS EN TU CORAZÓN!
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