ESTUDIO BÍBLICO, EL CAMINO DE LA ORACIÓN V PARTE: LAS TRES «C» DE UNA ORACIÓN QUE AGRADA A DIOS

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ESTUDIO BÍBLICO, EL CAMINO DE LA ORACIÓN V PARTE: LAS TRES «C» DE UNA ORACIÓN QUE AGRADA A DIOS

TEXTO: NEHEMÍAS 1:1-4 Palabras de Nehemías hijo de Hacalías. Aconteció en el mes de Quisleu, en el año veinte, estando yo en Susa, capital del reino, 2 que vino Hanani, uno de mis hermanos, con algunos varones de Judá, y les pregunté por los judíos que habían escapado, que habían quedado de la cautividad, y por Jerusalén. 3 Y me dijeron: El remanente, los que quedaron de la cautividad, allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalén derribado, y sus puertas quemadas a fuego.4 Cuando oí estas palabras me senté y lloré, e hice duelo por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.

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En los estudios anteriores hemos aprendido que la oración nace cuando reconocemos nuestra necesidad, crece mediante una vida constante de comunión con Dios, enfrenta obstáculos que deben ser vencidos y se fortalece cuando cultivamos una comunión  íntima con nuestro Padre celestial.

Ahora veremos POR MEDIO DE LA ORACIÓN DE NEHEMÍAS cómo debe ser una oración que agrada a Dios.

Podemos ver que la oración de Nehemias fue una oración NACIDA DE UN CORAZÓN QUEBRANTADO, LLENO DE FE Y COMPLETAMENTE DEPENDIENTE DEL SEÑOR.

Cuando Nehemías recibió la noticia de que Jerusalén estaba en ruinas, con sus muros derribados y sus puertas consumidas por el fuego, humanamente no había mucho que hacer. Pero antes de planificar una estrategia, buscar recursos o hablar con el rey, podemos ver que Nehemias hizo lo más importante: SE PRESENTÓ DELANTE DE DIOS EN ORACIÓN.

Aquí encontramos una gran enseñanza para nuestra vida: NUNCA ES DEMASIADO TARDE PARA BUSCAR LA AYUDA DE DIOS.

Quizá haya áreas de nuestra vida que parecen destruidas como aquellos muros de Jerusalén, nuestro matrimonio, nuestros hijos, nuestra economía, nuestra salud o nuestro ministerio. Tal vez pensamos que ya no hay solución. Pero la historia de Nehemías nos recuerda que DIOS PUEDE RECONSTRUIR AQUELLO QUE PARECE TOTALMENTE perdido cuando un hijo suyo decide buscarlo sinceramente en oración.

En la oración de Nehemías encontramos TRES CARACTERÍSTICAS INDISPENSABLES DE UNA ORACIÓN QUE AGRADA A DIOS, a las cuales hoy les vamos a llamar LAS TRES «C» DE LA ORACIÓN.

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I) LA PRIMERA C: CONVICCIÓN

(NEHEMÍAS 1:5) Y dije: Te ruego, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande y temible, que guarda el pacto y la misericordia a los que le aman y guardan sus mandamientos;

Lo primero que destaca en la oración de Nehemías no es su problema, sino LA GRANDEZA DE DIOS.

Podemos ver que antes de presentar su necesidad, Nehemías reconoce quién es Aquel a quien le está orando, él sabía perfectamente en quién había puesto su confianza.

LA ORACIÓN DE NEHEMÍAS COMIENZA EXALTANDO EL CARÁCTER DE DIOS: Dios fuerte, Dios grande, Dios temible, Dios fiel, Dios misericordioso., Dios que cumple su pacto.

Nuestra vida de oración cambia cuando dejamos de concentrarnos únicamente en el tamaño de nuestro problema y comenzamos a enfocarnos en la grandeza del Dios en quien confiamos. 

Esa convicción significa tener la certeza de que Dios tiene el poder para hacer mucho más de lo que nosotros podemos imaginar (Efesios 3:20) Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros,

Eso significa que cuando ORAMOS CON CONVICCIÓN estamos diciendo: «Señor, sé quién eres, sé que tienes el poder para intervenir y por eso depósito esta carga delante de Ti.»

Oramos porque sabemos y creemos que todo es posible para Dios (Mateo 19:26) Y mirándolos Jesús, les dijo: Para los hombres esto es imposible; mas para Dios todo es posible.

FRASE: Antes de pedirle a Dios que cambie tus circunstancias, permite que primero cambie tu manera de verlo a Él porque cuando descubres cuán grande es Dios, comprendes que no existe problema o circunstancia demasiado grande o difícil para Él.

II) SEGUNDA C: CONFESIÓN

(NEHEMÍAS 1:6-7) esté ahora atento tu oído y abiertos tus ojos para oír la oración de tu siervo, que hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos cometido contra ti; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. 7 En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, estatutos y preceptos que diste a Moisés tu siervo.

Después de reconocer la grandeza de Dios, Nehemías reconoce humildemente su propia condición, es por eso que confiesa y dice: HEMOS PECADO, no intenta justificarse, no culpa a los demás, no presenta excusas.

Tenemos que comprender que la verdadera oración SIEMPRE ESTÁ ACOMPAÑADA POR UN CORAZÓN HUMILDE, pues muchas veces queremos que Dios cambie nuestras circunstancias pero NO ESTAMOS DISPUESTOS A RECONOCER AQUELLO QUE NECESITAMOS CAMBIAR DENTRO DE NOSOTROS.

Nehemías entendía que el pecado nunca debe esconderse delante de Dios, sino confesarse, y en la Biblia podemos ver que el profeta Daniel hizo exactamente lo mismo cuando oró por Israel (Daniel 9:18) Inclina, oh Dios mío, tu oído, y oye; abre tus ojos, y mira nuestras desolaciones, y la ciudad sobre la cual es invocado tu nombre; porque no elevamos nuestros ruegos ante ti confiados en nuestras justicias, sino en tus muchas misericordias.

Para poder confesar nuestros pecados delante del Señor no basta solamente decir “Señor perdona todos mis pecados” sino que DEBEMOS PEDIR AL ESPÍRITU SANTO QUE EXAMINE NUESTRO CORAZÓN y que nos muestre aquellas actitudes, palabras o acciones que necesitamos confesar delante del Señor. (Salmo 139:23-24) Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón; Pruébame y conoce mis pensamientos; 24 Y ve si hay en mí camino de perversidad, Y guíame en el camino eterno

III) TERCERA C: CONFIANZA

(NEHEMÍAS 1:8-9) Acuérdate ahora de la palabra que diste a Moisés tu siervo, diciendo: Si vosotros pecareis, yo os dispersaré por los pueblos; 9 pero si os volviereis a mí, y guardareis mis mandamientos, y los pusiereis por obra, aunque vuestra dispersión fuere hasta el extremo de los cielos, de allí os recogeré, y os traeré al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre.

Podemos ver que en su oración Nehemías comienza a recordar las promesas que Dios había dado a Israel, no estaba tratando de convencer a Dios, ESTABA FORTALECIENDO SU PROPIA FE RECORDANDO LO QUE DIOS YA HABÍA PROMETIDO.

Cuando oramos nuestra confianza no debe descansar en nuestros sentimientos, sino en la Palabra de Dios, es por eso es tan importante conocer las Escrituras, pues oramos apoyados en lo que nuestro Dios ya prometió. 

Dios ha dado preciosas promesas para cada uno de nosotros (2 Pedro 1:4) por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia;

Y tenemos que recordar que la Biblia también declara algo muy importante con respecto a las promesas del Señor: (Números 23:19) Dios no es hombre, para que mienta, Ni hijo de hombre para que se arrepienta. Él dijo, ¿y no hará? Habló, ¿y no lo ejecutará?

Y También en la carta a los Hebreos se nos anima a orar con confianza porque quien ha dado la promesa es FIEL (Hebreos 10:23) Mantengamos firme, sin fluctuar, la profesión de nuestra esperanza, porque fiel es el que prometió.

CONCLUSIÓN: La oración de Nehemías nos enseña que una oración eficaz no depende de palabras elocuentes ni de fórmulas especiales, sino de la actitud correcta del corazón. Cuando oramos con: Convicción, reconociendo quién es Dios, Confesión, reconociendo quiénes somos nosotros y con confianza, descansando en sus promesas, entonces nuestra comunión con Dios se fortalece y estamos preparados para ver su mano obrando en nuestra vida. Cuando terminamos de leer el libro de Nehemías podemos ver que se comenzó llorando por una ciudad destruida, pero Nehemias terminó viendo a Dios levantar nuevamente sus muros. Así también, Dios puede reconstruir cualquier área destruida de nuestra vida cuando aprendemos a acercarnos a Él con una oración sincera y conforme a su voluntad.

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