NUESTRA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE

TEMA: NUESTRA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE

TEXTO: 1 REYES 2:1-2 Llegaron los días en que David había de morir, y ordenó a Salomón su hijo, diciendo: 2 Yo sigo el camino de todos en la tierra; esfuérzate, y sé hombre.

Esta semana se celebra en muchos países de américa latina el “DIA DE LOS MUERTOS”, es decir, el dia en el cual recordamos y honramos la memoria de aquellas personas que amamos y que han sido parte importante de nuestra vida pero que YA NO ESTÁN CON NOSOTROS.

Es por eso que por medio de este mensaje vamos a reflexionar sobre NUESTRA VIDA DESPUÉS DE LA MUERTE DE ALGUIEN QUE AMAMOS.

En el texto que hemos leído para comenzar vemos que cuando el rey David estaba a punto de morir le dijo a su hijo Salomón que él “SEGUÍA EL CAMINO DE TODOS EN LA TIERRA” pues eso es exactamente la muerte, es el camino que todos llevamos, tanto nosotros como también las personas que amamos, sean ellos nuestros padres, nuestro cónyuge, nuestros hijos, etc.

Pero aunque este sea el camino que todos llevamos y todos sabemos que esto es así, CUANDO ESE MOMENTO LLEGA SIEMPRE ES DIFÍCIL, siempre nos impacta, siempre nos afecta grandemente en nuestro corazón.

FRASE: Todos tenemos sueños de los que no quisiéramos despertar y realidades que quisiéramos que fueran solo sueños.

En la palabra de Dios podemos ver como grandes hombres de Dios como el rey David fueron profundamente afectados por la muerte de alguien de su familia (2 Samuel 18.32-33) El rey entonces dijo al etíope: ¿El joven Absalón está bien? Y el etíope respondió: Como aquel joven sean los enemigos de mi señor el rey, y todos los que se levanten contra ti para mal. 33 Entonces el rey se turbó, y subió a la sala de la puerta, y lloró; y yendo, decía así: ¡Hijo mío Absalón, hijo mío, hijo mío Absalón! ¡Quién me diera que muriera yo en lugar de ti, Absalón, hijo mío, hijo mío!

Primeramente tenemos que entender que COMO SERES HUMANOS EL DOLOR Y LA TRISTEZA, SIEMPRE NOS AFECTARÁN CUANDO ALGUIEN QUE AMAMOS MUERE aunque seamos cristianos, o aunque la persona que murió haya sido cristiana también, ya que lo que nos afecta grandemente es el apego familiar y emocional que teníamos con la persona que falleció.

Es decir que la tristeza que nos embarga no viene porque creamos que nuestro familiar este en condenación, pues nosotros sabemos que si nuestro familiar o nuestro amigo  era un hijo o una hija de Dios está en la presencia del Señor, sino que la tristeza viene a nuestra vida POR NO PODER TENER MÁS CON NOSOTROS A ESA PERSONA QUE AMAMOS.

QUE NECESITAMOS PARA VIVIR Y SUPERAR LA MUERTE DE ALGUIEN QUE AMAMOS:

I) TENEMOS QUE DESAHOGAR LO QUE HAY EN NUESTRO CORAZON

Definitivamente el llanto, las lágrimas son una válvula preciosa que Dios ha puesto en nuestra vida para desahogar el dolor y la tristeza que hay en nuestro corazón.

Muchas veces erróneamente se nos hace creer que nosotros como cristianos no debemos llorar por alguien que murió pues tenemos la fuerza de Dios para superar ese dolor, y aunque es verdad que la fuerza y el consuelo de Dios está siempre disponible para nuestra vida, LLORAR ES NECESARIO PARA LIBERAR EL CORAZÓN DE LA TRISTEZA

En la Biblia podemos ver cómo el pueblo de Dios lloraba a sus muertos

El pueblo de Israel lloró a Moisés (Deuteronomio 34:7-8) Era Moisés de edad de ciento veinte años cuando murió; sus ojos nunca se oscurecieron, ni perdió su vigor. 8 Y lloraron los hijos de Israel a Moisés en los campos de Moab treinta días; y así se cumplieron los días del lloro y del luto de Moisés.

El pueblo de Israel lloró la muerte del profeta Samuel (1 Samuel 25:1) Murió Samuel, y se juntó todo Israel, y lo lloraron, y lo sepultaron en su casa en Ramá.

En el nuevo testamento podemos ver como nuestro Señor Jesucristo lloró frente a la tumba de su amigo Lázaro al ver el dolor de las hermanas (Juan 11:32-36) María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. 33 Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, 34 y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. 35 Jesús lloró. 36 Dijeron entonces los judíos: Mirad cómo le amaba

II) TENEMOS QUE TENER UN CORAZÓN AGRADECIDO CON NUESTRO DIOS POR EL TIEMPO QUE COMPARTIMOS CON ESA PERSONA QUE YA NO ESTA CON NOSOTROS

(EFESIOS 5:20) dando siempre gracias por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo / (1 TESALONICENSES 5:18) Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.

Muchas veces por el dolor y por la impotencia que sentimos en nuestro corazón por la muerte de alguien que amamos permitimos que nuestro corazón y nuestra boca se llenen de reclamos, de preguntas y cuestionamientos contra nuestro Dios.

Para superar el dolor en lugar de quejas y preguntas debemos procurar tener un corazón agradecido por los años que nos permitió compartir la vida con esa persona, por la bendición de haber tenido un hijo o una hija, por la bendición de haber tenido una madre o un padre etc.

Tenemos que reconocer que muchas veces no vamos a poder, por mucho que lo intentemos, comprender los planes y la voluntad de Dios (Isaías 55:8-9) Porque mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestros caminos mis caminos, dijo Jehová. 9 Como son más altos los cielos que la tierra, así son mis caminos más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos más que vuestros pensamientos.

Solo podemos agradecer y adorar a aquel que puede traer sanidad y consuelo verdadero a nuestro corazón

III) TENEMOS QUE BUSCAR EL CONSUELO DE DIOS POR MEDIO DE LA ORACIÓN Y LA ESPERANZA DE LA VIDA ETERNA

(2 CORINTIOS 1:3-5) Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación, 4 el cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios. 5 Porque de la manera que abundan en nosotros las aflicciones de Cristo, así abunda también por el mismo Cristo nuestra consolación.

Los expertos afirman que un abrazo es la mejor forma de dar consuelo en momentos de dolor. Por eso no hay nada más precioso que sentir el abrazo del amor de Dios en nuestra vida en los momentos de dolor cuando nos acercamos a él en oración.

Dios es nuestro consuelo pero tenemos que acercarnos a él (Santiago 4:8) Acercaos a Dios, y él se acercará a vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.

Nuestro consuelo viene también de la esperanza de la salvación y la vida eterna, que aún más allá de la muerte nuestro Dios está con esa persona que amamos (Salmo 48:14) Porque este Dios es Dios nuestro eternamente y para siempre; Él nos guiará aun más allá de la muerte.

IV) TENEMOS QUE COMPRENDER QUE NUESTRA VIDA CONTINUA Y TENEMOS QUE SEGUIR ADELANTE

(GÉNESIS 8:22) Mientras la tierra permanezca, no cesarán la sementera y la siega, el frío y el calor, el verano y el invierno, y el día y la noche.

Tenemos que aceptar lo que el versículo de génesis  nos enseña: PASE LO QUE PASE EL MUNDO NO SE DETIENE, PASE LO QUE PASE LA VIDA SIGUE, pase lo que pase hoy habrá una noche y mañana tendremos el amanecer de un nuevo día.

Es duro de reconocer pero NO PODEMOS HACER VOLVER A ESA PERSONA QUE HA MUERTO, tenemos que dejar que nuestro Dios nos consuele y nos fortalezca para seguir viviendo porque hay hijos que nos necesitan, tenemos una esposa o un esposo a quien cuidar y amar, pero con la confianza que UN DÍA VOLVEREMOS A ESTAR REUNIDOS CON ESAS PERSONAS QUE SE NOS ADELANTAN EN EL CAMINO ALLÁ EN EL CIELO (1 Tesalonicenses 4:16-18) Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. 17 Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. 18 Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.

CONCLUSIÓN: La muerte de un ser amado es una de las experiencias más dolorosas que enfrentamos como seres humanos, y aunque nuestra fe en Cristo nos asegura que ellos están en la presencia del Señor, nuestro corazón aún siente la pérdida. Debemos agradecer a Dios por el tiempo compartido, buscar su consuelo a través de la oración, aferrarnos a la esperanza de la vida eterna y comprender que nuestra vida continúa. Cada día es un regalo de Dios, y aunque enfrentemos pérdidas, Él nos da la fuerza para seguir adelante y cumplir con nuestras responsabilidades, cuidar de nuestra familia y amar a quienes aún tenemos cerca.

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